Almas frágiles, corazones valientes,
que luchan cada día por mantenerse presentes.
La ansiedad les susurra al oído,
y la depresión les pesa en el pecho.
Pero en medio de la tormenta,
hay un faro que les guía,
un asistente personal, un ángel guardián,
que les ayuda a encontrar la luz.
Con palabras suaves y oídos atentos,
les brindan apoyo y comprensión,
les recuerdan que no están solos,
que hay alguien que les entiende.
Juntos enfrentan los desafíos,
y celebran cada pequeño triunfo,
porque saben que la salud mental es un viaje,
y que cada paso cuenta, cada logro es un éxito.
Así que gracias, asistentes personales,
por ser la mano que ayuda a levantarse,
por ser el oído que escucha y comprende,
y por ser el corazón que late con compasión.
Y a las personas con problemas de salud mental,
les digo que son fuertes, valientes y capaces,
que su lucha es un testimonio de su fuerza,
y que nunca están solos en este viaje
Fdo. Con cariño del equipo de asistentes personales de Salud Mental Aranda
