Maspalomas: entre los cuidados y los silencios que marcan una vida 

Como Educadora Social, observar cómo el cine representa los cuidados y las trayectorias vitales no es solo un ejercicio cultural, sino también profesional y ético. La película Maspalomas nos sitúa precisamente en ese cruce: el de la atención institucional y el peso de las biografías invisibilizadas. 

Uno de los aspectos más relevantes que plantea la película es el modelo de atención dentro de una residencia. A primera vista, encontramos un entorno que podría definirse como estructurado, con normas claras y un funcionamiento aparentemente correcto. Sin embargo, al mirar con mayor profundidad, surgen preguntas clave: ¿hasta qué punto se pone realmente a la persona en el centro? ¿Se respetan sus deseos, su historia, su identidad? 

El modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) no se limita a cubrir necesidades básicas o a garantizar seguridad. Implica reconocer a cada individuo como protagonista de su propia vida, supone escuchar activamente, adaptar los apoyos a sus preferencias y, sobre todo, construir junto a la persona un proyecto de vida con sentido. En Maspalomas, se percibe una cierta distancia respecto a este enfoque. Las rutinas parecen imponerse sobre las decisiones individuales, y la historia personal del protagonista queda, en ocasiones, relegada a un segundo plano. 

Esto es especialmente significativo cuando hablamos del proyecto de vida. En el ámbito social, entendemos este concepto como un proceso dinámico, donde la persona define sus metas, sus deseos y su identidad, más allá de las limitaciones que pueda tener. La película muestra cómo, en contextos residenciales, este proyecto puede verse fragmentado o incluso suspendido. No siempre se generan espacios reales para que las personas puedan reconstruir su narrativa vital, especialmente cuando esta ha estado marcada por el estigma o la invisibilidad.  

Y aquí emerge otro de los ejes centrales del film: la vivencia de la homosexualidad a lo largo de la vida. Maspalomas aborda, de forma implícita pero contundente, las consecuencias de no haber podido vivir la identidad sexual con libertad desde la infancia y la juventud. El silencio, la represión y la falta de referentes no solo condicionan las relaciones afectivas, sino que también impactan profundamente en la salud mental y en la construcción de la identidad. 

No hablar abiertamente de la diversidad sexual en las primeras etapas de la vida no protege; al contrario, genera confusión, culpa y aislamiento. La película nos recuerda que muchas personas han tenido que recorrer su camino vital ocultando una parte esencial de sí mismas, lo que complica enormemente su bienestar emocional en la adultez y la vejez. En contextos como el de una residencia, donde la intimidad ya es limitada, esta invisibilidad puede acentuarse aún más. 

Desde una mirada crítica, Maspalomas nos interpela como sociedad. Nos obliga a preguntarnos si los recursos asistenciales están realmente preparados para acoger la diversidad en todas sus formas, y si estamos ofreciendo espacios donde las personas puedan ser quienes son, sin miedo ni juicio. También nos invita a reflexionar sobre la importancia de una educación afectivo-sexual abierta, inclusiva y respetuosa desde la infancia, como base para una vida más libre y plena. 

En definitiva, la película no solo retrata una realidad concreta, sino que pone sobre la mesa cuestiones estructurales: cómo cuidamos, cómo acompañamos y, sobre todo, cómo reconocemos la dignidad y la historia de cada persona. Porque cuidar no es solo atender, sino también escuchar, validar y permitir que cada vida, con sus luces y sombras, pueda seguir construyéndose hasta el final. 

Belén Nebreda Acero