Mi refugio

Esta historia empieza con una puerta que se abre…  

“Lo que traía conmigo” 

La atravesé con mucho malestar, con altibajos constantes. 

Con un bolso precioso, pero lleno de mis pequeños y grandes problemas, de preocupaciones que ocupaban demasiado espacio. 

Llegué después de mucho tiempo sin reír de verdad, sin sentir, sin ser parte de nada. 

 

“Lo que encontré dentro” 

Al principio no fue fácil, no sabía encajar. 

Observaba con desconfianza e incertidumbre. 

Poco a poco, casi sin darme cuenta, empecé a sentir algo diferente. 

A través de los talleres fui acercándome, conociendo a otras personas y también entendiéndome a mí misma. 

Había algo importante: la escucha. 

Sentirme escuchada me ayudó a ordenar mis ideas y a ver las cosas desde otro punto de vista. 

Sin darme cuenta, fui encontrando pequeños momentos de calma, de bienestar, incluso de felicidad. 

 

Empecé a sentir que podía ser yo, sin tener que fingir, sin sentirme fuera de lugar. 

Aquí encontré un espacio donde participar, donde colaborar, donde formar parte. 

También un lugar donde elegir, decidir e implicarme. 

Realizar actividades, disfrutar del ocio, mejorar mi calidad de vida e incluso dar visibilidad a diversas realidades a través de la radio. 

No sé en qué momento exacto se convirtió en un lugar donde refugiarme. 

 

“Valentía” 

Si algo he aprendido en este camino es que dar el paso no siempre es fácil. 

A veces cuesta, a veces da miedo. 

Pero también he aprendido que merece la pena. 

 

Si llevas tiempo fingiendo estar bien, si te encuentras solo a pesar del ruido de la gente a tu alrededor, si te abruma lo cotidiano de la vida o si quieres ocupar tu tiempo para conocerte y entenderte, quizá este pueda ser tu refugio también. 

Date la oportunidad de encontrarte a gusto, de sentirte escuchado, de volver a empezar. 

Porque a veces todo empieza con un cambio pequeño, casi leve, pero con el tiempo se convierte en algo que integras en tu vida.